Desolados. 1809...
DESOLADOS. 1809…
Transitar por el libro de difuntos de Jerte allá por los años
siguientes a la quema es adentrarse en un ambiente desolador. Y eso a
pesar que están recogidas por el doctor Caleya que tiene una manera sucinta de
anotarlos. Su brevedad y concisión apenas deja entrever situaciones que
realmente serían desastrosas. A veces parece que lo registra de una manera
mecánica, con los elementos imprescindibles, en ocasiones faltos de información
casi básica. Además, continuamente utiliza o abusa de abreviaturas.
A pesar de ello, como pinceladas que permiten vislumbrar el Jerte de la
reconstrucción, con la guerra y las contribuciones cargándose sobre sus
personas y haciendas, voy a subir algunas anotaciones de esos años.
Sabemos que la situación de crisis había comenzado antes y en otras entradas
he registrado algunas de esas indicaciones: aumento de niños expósitos,
derrumbe de la economía del castaño incrementando la producción vinatera,
precios desestabilizados, las guerras de fin de siglo contra la Francia
revolucionaria con el reclutamiento entre los jóvenes… Pero en las partidas de
defunción aún se percibía esa posición medio estable de familias establecidas
en el pueblo que se plasmaba en la cantidad de misas que se daban por sus
difuntos. También el no excesivo peso que suponían los enterrados de caridad,
sobre todo viudas mayores, jornaleros y sirvientas, anotados como pobres.
Esta realidad cambia por completo tras la situación calamitosa en la que
quedó el pueblo. Las mandas de misas se reducen drásticamente, y sólo en
contados casos de familias pudientes se convierten en un número importante de
misas para el difunto.
Sin ánimo de ser exhaustivo, y como notas, aquí os dejo algunas.
Dos ejemplos de 1808, previos a la Guerra de Independencia. El primero de
la peligrosidad de los caminos. El segundo de las dificultades sanitarias de la
época.
Francisco Bermejo, marido de Isabel Bermejo, fue enterrado el 7 de marzo de
1808, “vecino del Lugar del Puerto de Tornavacas, obispado de Ávila, que
falleció el día anterior asesinado de un balazo en el Puerto Nuevo,
camino de Jarandilla, a mano de dos salteadores…”
María Sánchez, soltera, natural de Navasequilla, diócesis de Ávila, “criada del
presente Cura Párroco que falleció el día anterior gangrenada de
viruelas…”
Tras la quema de agosto del 1809… el ambiente es desolador.
María Recio.
“Por declaración unánime y común de todos sus parientes se me hizo
constar que en el tiempo que las tropas francesas ocuparon este Pueblo
falleció en sus inmediaciones María Recio, soltera, semifatua,
de esta naturaleza y vecindad, hija legítima de Pedro Recio y María García
Luis, vecinos de esta villa. Sus herederos ordenaron funeral con misa presente
y aniversario. Dr. Caleya”
Su padre había fallecido a principio de junio del 1809, ni tres meses antes
del desastre.
También el día de Navidad de ese año muere el “cirujano titular”
de Jerte, D. Antonio González, natural de Plasencia y viudo de Vicenta Téllez
de Meneses, natural de Hervás.
Podemos imaginar, con las ruinas de las casas casi humeantes, a un
Ayuntamiento buscando médico para la población en las pésimas condiciones que
había quedado. Se buscó, como he indicado en otra entrada, a D. Víctor María
Crespo que ocupó el cargo casi dos décadas.
Pero el trasiego de personas por la población, de diferentes puntos de la
geografía española, junto con las condiciones complejas y difíciles en otros
lugares hace que aparezcan defunciones menos corrientes, que indican una alta
movilidad y dificultades económicas:
·
Domingo González, el 24 de septiembre, “natural y vecino de Remesal,
obispado de Astorga, que falleció aquí el día anterior de
enfermedad natural, con la que llegó a esta villa de vuelta de la
Andalucía, de donde venía de trabajar. Se le halló pasaporte
despachado por el Corregidor de Carmona, cuyas señas y edad convenían
exactamente y cuadraban al expresado difunto…”
·
El propio padre del cura de Jerte, D Pedro Caleya, fallece en
nuestra localidad y es enterrado el 26 de septiembre de 1809. Sabiendo, como
sabemos, de las dificultades de habitación para el propio cura, cabe
preguntarnos cómo sería la situación real en otras poblaciones para que el
padre anciano del cura estuviera con él. Es una anotación especial para el
propio párroco y se explaya en dos folios, cosa inhabitual en él. Pero era su
padre. Por la peculiaridad del propio personaje incluyo algunos párrafos. “Se
dio sepultura eclesiástica en su Capilla Mayor y sitio de primer orden a D.
Pedro Caleya, marido de Dª María Mendo, vecino de la ciudad de
Trujillo”, “murió de una inveterada hidropesía. Durante lo agudo de
su enfermedad recibió tres veces el sacramento de la Penitencia que le
administraron sucesivamente los presbíteros Don Eugenio Montero, Fray Alonso
Cepeda y Fray Celedonio de Villanueva. También recibió la Sagrada Eucaristía de
mano de esta último y la Santa Extremaunción” “Testó en la villa de
Berzocana, partido y jurisdicción de Trujillo ante su escribano de
Ayuntamiento. Nombró herederos a sus cuatro hijos: el presente Cura
Párroco; Don Manuel Caleya, alférez del real Cuerpo de Artillería de España; Dª
Ana Caleya y Vitoria Caleya, a todos por partes iguales de sus bienes,
excepto una finca de pasto y labor en Aldea del Obispo en que mejoró a su nieto
Félix Erguijuela” “manda una misa cantada solemne con sermón al
Santísimo Cristo del Amparo de esta villa y su ermita en acción de
gracias a las que mereció especialísima del mismo Santísimo Cristo en todo el
curso de su última enfermedad” “se celebraron por su ánima … de todos
los sacerdotes que a la sazón se hallaron en el Pueblo, todos los cuales la
dieron en la Capilla del Santísimo Cristo donde estuvo depositado hasta la hora
de su sepultura”. Además, mandó 12 misas cantadas votivas.
Podemos suponer que hay familias que a pesar del golpe recibido mantienen
un buen nivel económico. Es el caso de Teresa Beato que se
entierra el 18 de julio de 1811, mujer de Tomás Jiménez, con cargos de
representación municipal y que adquieren en esas fechas varias propiedades a
los vecinos de Jerte. Como dato particular manda “al Santísimo Cristo del
Amparo de esta villa, 40 reales vellón”. Su marido, Tomás
Jiménez, hermano de Juan Gallego, fallece en diciembre de 1813, dejando 80
misas rezadas, y enterrado “En la ermita del Santísimo Cristo del
Amparo, dentro de su capilla mayor, en esta villa”
Otra que parece no haberse resentido demasiado es Isabel Beato,
viuda de Antonio Gallego, que nombra por heredera a su sobrina Catalina Castro
y manda 300 misas rezadas el 2 de marzo de 1810.
Caso especial es el de D. Eugenio Montero, presbítero, que
recibió la Sagrada Eucaristía de manos del señor Doctor Don Santos Montero,
Vicario de Cabezuela, de notable peso eclesiástico en la localidad. Pidió “se
le diese tierra en su sepultura dotada y vestido según su estado”, “600
misas rezadas y 80 votivas”, “que se repartan a pobres 4
fanegas de pan amasado, dos el día de su entierro y dos el día
de su cabo de año”. Nombra heredero a su hermano Benito Antonio Montero.
Y aunque el estatus familiar de cada difunto se sigue marcando con el
número de misas que dejan, éstas sufren una merma dada la precariedad económica
en la que se sume Jerte.
Por otro lado, son muchos los pobres que mueren en esas
fechas en el pueblo. Naturales de aquí o llegados desde fuera para trabajar en
la reconstrucción de las haciendas:
·
Tomás Rico (pobre) el 30 de diciembre de
1811. “Marido de Francisca Moreno, vecinos de Villacastín,
diócesis de Ávila, oficio carpintero, que estaba trabajando a él en las obras
de esta villa”
·
Juan Caiño (pobre) el 15 de marzo de 1812. “Natural
de Galicia, avecindado en el Barco de Ávila, marido de
Josefa la Chova, de oficio albañil al que estaba trabajando en esta
villa. Falleció de miseria y abandono… No testó por ser pobrísimo.
Se le hizo su funeral de caridad”
·
José Lenzos. El 10 de marzo de 1812, soltero, de
nación gallego, natural de San Juan de Jolpellas, jurisdicción de
Reis de Verga. Edad de 58 años… Pobre.
·
Manuel Rodríguez. El 10 de abril de 1812. Marido de
María Aparicio, vecino de San Pedro la Tarde, jurisdicción de la ciudad
de Toro. Pobre.
·
María Prieto. El 25 de abril de 1812. Viuda de José
Almaraz, vecinos de Casatejada, que falleció el día anterior de
enfermedad natural habiendo recibido los Santos Sacramentos, mendigando
de puerta en puerta por la villa.
·
Ana Bula. El 4 de julio de 1812, viuda de José
Alonso… Pobrísima. No testó. Se ofició su funeral de
caridad.
·
Tomás Orostalbe. El 14 de agosto de 1812. Marido de
Juliana Fernández, vecinos de Vitoria en Vizcaya. Pobre.
·
Francisco Morales. El 28 de septiembre de 1812. Maestro
zapatero, vecino de (..as) que estaba trabajando en esta villa.
·
Lorenzo Gómez. El 28 de diciembre de 1812. Soltero,
natural del Reino de Galicia, jornalero en esta villa.
Pobre.
·
Juan Romero. El 12 de septiembre de 1813. Viudo de
María la Morala, vecino de Casar de Cáceres. Pobre.
Son sólo algunos ejemplos, suficientes y significativos, de las necesidades
y carencias del pueblo esos años.
María Antonia García. El 2 de junio de 1813. Viuda de Antonio Manzano de
esta vecindad… Testó ante Juan Sánchez Escribano del Pueblo. “Nombró heredera
de la ropa de uso a su hija Jacoba… Pobre”
En este periodo se recogen dos muertes de soldados jerteños.
·
Antonio Gallego. Sin fecha, pero entre el 8 y el 19 de
noviembre se anota su muerte. “Por cartas fidedignas recibidas de Antonio
Arias y Gregorio Alonso de esta naturaleza, soldados del ejército de
Andalucía, se ha hecho constar en bastante forma el fallecimiento de
Antonio Gallego, soltero, natural de esta villa, hijo legítimo de Matías
Gallego , difunto, y María Cepeda de esta vecindad, soldado del mismo ejército que salió
alistado para el servicio en compañía de los que escriben y ha
continuado asociado a ellos hasta que ha fallecido en el Hospital de
Junqueras, pueblo de Andalucía de resultas de un balazo que recibió en el pecho
al frente del enemigo en el campo de batalla. Su madre ha dispuesto
cristianamente se le oficie inmediatamente funeral con misa de presente y
aniversario, nada más”
·
Juan López, marido de Ana Delgado. Es una
anotación tardía de la secuela de fallecimientos ocasionados por la guerra, 6
años después de que ocurriera, y ya finalizada la contienda. “Por orden de
los señores Gobernadores, Provisores y Vicarios Generales de la Ciudad de
Plasencia y su obispado, anoto el Auto siguiente, que es como se sigue: En la
Ciudad de Plasencia a 26 de enero de 1815, los señores Gobernadores y
Provisores de la dicha Ciudad, ordenaron y mandaron que en virtud de
haber fallecido el dicho Juan López, marido de la dicha Ana
Delgado, en la batalla de Medellín, dada en los 28 de marzo de 1809 según
las disposiciones de testigos legales y fidedignos que han declarado ya lo
expuesto en razón de todo por el señor fiscal eclesiástico, debían declarar
y declararon a la susodicha Ana Delgado en libertad para que pueda
disponer de su persona, lo que más bien visto la fuere y Dios la diere a
entender. Y mandaban y mandaron se la dé por testimonio en relación que baste y
con inserción de esta providencia, para el uso que la convenga y que se libre
despacho para que el párroco o su teniente de la dicha villa de Jerte anote la
partida en el libro que corresponda con la debida expresión y referencia a este
Auto…”
Como resumen, o colofón, de la situación miserable en la que se encontraba
parte de la población, y no sólo la jerteña, una anotación de la mendicidad que
periódicamente recorría muchas zonas en tiempos de crisis…
“Un mendigo. En la Parroqª de Jerte a doce de marzo de
1813. El Cura Ror concedí Sepª Eccª a un Mendigo
transeúnte qe falleció sin poder recibir Sacramtos en un lagar
fuera del Pueblo; no pudo saberse, ni adquirirse noticia de su nombre, natza o domicilio: se
ignora quien fuese: Lo firmé Dr Caleya”
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