Aceite, trigo e incienso. Precios 1734 a 1827.
Vamos a conocer los precios de tres productos en Jerte, desde mediados del XVIII a principios del XIX. Aceite, trigo e incienso.
Los datos están recogidos del libro de fábrica de la iglesia parroquial de
Jerte desde 1734 a 1827. Sólo se han tenido en cuenta aquellos que se
especifican claramente. Esto significa que no se ha tenido en cuenta aquellas
cantidades que comprenden más de un producto, resultando difícil o imposible
determinar el precio exacto del producto. Otras veces no se anota en el
apartado correspondiente por estar incluido en un concepto más amplio. A partir
de 1819 sólo se presentan las cuentas bianualmente y de manera más simplificada.
No obstante, podemos acercarnos a comprender la evolución de los precios a
lo largo de casi un siglo sobre estos tres productos.
·
El aceite que se producía en el mismo pueblo para las
necesidades más básicas. Siendo autosuficientes. Se emplearía, en el caso de la
iglesia para las lámparas de los altares fundamentalmente. El consumo anual es
de 5 arrobas que se incrementa algo pasados unos años. Los santos óleos
empleados para los actos religiosos se traían de fuera y se solía encargar el
sacristán en traerlos.
·
El trigo, deficitario en la zona, se importaba de zonas
productoras, meseta y Extremadura, por la compraventa de nuestros excedentes
agrícolas: castaña, vino, frutas… Es un producto que, para el consumo de la
iglesia, incluso se podría abastecer de la producción local. Supone una
cantidad manejable, 1,5 fanegas en 1734 hasta las 4 fanegas en 1811.
·
El incienso sin embargo es un producto completamente
foráneo. Además, mientras que el aceite y el trigo son de consumo general y se
emplea para la subsistencia y el día a día de las personas, el incienso sólo
responde a los cánones litúrgicos y sus ceremonias. Es la iglesia su consumidor
exclusivo en el pueblo.
Precios del aceite. 1735 a 1827
Viendo la evolución de los precios podemos inferir, e incluso determinar,
aquellos factores que influían en su alza y bajada. En una situación
equilibrada podríamos aventurar que la relación entre lo producido y lo
consumido es equivalente. Un exceso de producción bajaría los precios. Una
escasez o una demanda mayor ocasionaría un alza de precios.
En el periodo hasta 1780, incluso unos años después, la tendencia responde
por completo a lo indicado antes. Es una tendencia moderada ascendente.
La producción sería más o menos igual (no
sabemos que hubiera un incremento de extensión del olivar y poner en producción
al olivo requería en aquel entonces muchos años de inversión). El ligero
aumento de la demanda está en correlación con el aumento de
población de Jerte en esas fechas. También son años de transacciones
comerciales y una relativa estabilidad económica. Todo esto favorece los
intercambios, la salida de productos y la importación de otros, controlando
medianamente los precios. Y eso a pesar de que presenta oscilaciones que llegan
a duplicar el precio de la arroba de aceite, incluso más.
Los 38 reales por arroba en 1735 se rebajan a 20,5 reales al año siguiente.
Se mantiene en 21 en 1737, pero los años consecutivos ascienden de nuevo a más
de 30 reales. Cantidad que se convierte en el mínimo elevando los máximos a cotas
próximas a 40 y más. En la década de 1760 empiezan a revalorizarse hasta los 50
reales, llevando a 68,35 reales en 1766, más de un 300 % sobre los precios 30
años antes. Pero puntualmente. Si tomamos precios medios podemos concluir que
en ese periodo de unos 50 años el aceite se encarece algo más del 100 %. Con
una subida media sostenida algo superior a un 2 %.
En la gráfica siguiente se puede apreciar los precios y la tendencia
reflejada en la línea de puntos moderadamente ascendente de los precios en el
intervalo comentado.
Sin embargo, en el periodo de 1785 a 1826 no sigue esa progresión. Se
elevan mucho y sólo al final de las guerras y los años siguientes se empieza a
normalizar el precio.
Observamos la dispersión al alza de los precios. Casi sin control.
En los reflejados hasta 1785 siguen la línea del periodo anterior. Unos
años después, no dispongo en este momento de los datos, se sucede un salto
enorme con una tendencia más pronunciada al alza. Pero con años puntualmente
excepcionalmente altos. De precios prohibitivos. Estamos hablando de los años
posteriores a la Guerra del Rosellón entre España y Portugal contra la Francia
Republicana (1793 a 1795), en la que sabemos murieron varios paisanos. La
inestabilidad política, la guerra, los recursos humanos y económicos que se
desvían para ese fin… provoca una carestía y un descontrol de precios en este
periodo y los posteriores, antes evidentemente de la Guerra de Independencia.
Pero que continúa hasta después de la misma.
Hay 9 años que la arroba ronda los 150 reales, llegando en 1806 a 178,36
reales, máximo en la serie que representamos, y a años luz de los poco más de
20 reales del principio.
Es hacia el 1820 cuando podemos encontrar precios “normalizados” y acordes
con la tendencia del primer periodo, a pesar de ser aún elevados, entre 76 y 86
reales cada arroba.
Precios del trigo. 1734 a 1827
Creo que el gráfico resume de forma muy clara la evolución de los precios
del trigo en Jerte para este periodo. Y es coincidente con los referidos al aceite,
dos materias primas básicas de primer orden.
Al ser muy deficitario en trigo, se tiene que traer de fuera. En un marco
de comercio estable, sin grandes sobresaltos los precios fluctúan de forma
relativamente controlada.
El problema es cuando saltan los conflictos bélicos. En las fechas en que
se desarrollan estas guerras de España es cuando se ve cómo se disparan los
precios, reflejo de inestabilidad, desviación de recursos, falta de mano de
obra, pérdida de jóvenes…
Con un vistazo al libro de difuntos parroquial podemos encontrar algunos
ejemplos de nuestro pueblo:
·
Guerra anglo española de 1779 a 1783. En esta guerra España intentó, con el
tercer cerco a Gibraltar, recuperar la plaza perdida. En las defunciones se
anota el fallecimiento de Francisco Merino, mozo soltero, soldado, que muere en
el campo de San Roque en 1782.
·
Guerra del Rosellón. 1793 a 1795. Contra la Francia Revolucionaria. Juan
Domingo López Sánchez muere por bala de cañón en el Rosellón francés en 1794.
Joaquín García Rubio Martín, lo hace en los hospitales del Rosellón en plena
contienda también en 1794.
·
Guerra anglo española de 1796 a 1802. Francisco Buezas, soldado de guardias
españolas muere en Barcelona en 1797. Y Francisco Martín Recio en 1799 en la
isla de León (Cádiz) en el marco de esta guerra. En 1802 muere en el pueblo
José Alonso, soldado retirado por inválido de caballería ligera del rey.
·
Guerra anglo española de 1804 a 1809. En el marco de las guerras
napoleónicas…
·
Y la Guerra de la Independencia Española o Peninsular, 1808 a 1814. También
como un elemento más de las guerras napoleónicas. De la que ya conocemos las
fatídicas consecuencias para nuestro pueblo.
¿Y el incienso?
Al ser un producto específico de consumo eclesiástico, no está sujeto a
esos vaivenes, ni de producción, ni de demanda. Las ceremonias religiosas se
siguen haciendo independientemente de la paz o la guerra en el lugar. Los
entierros y celebraciones pascuales continúan. Apenas hay diferencias de
precios, que oscilan de forma rítmica a lo largo de casi 100 años, entre 2 y 4
reales cada libra (algo menos del medio kilo actual)
La conclusión es sencilla.
Los productos altamente especializados y suntuosos, de uso muy restringido,
como podría ser el incienso, las ricas telas, etc. sufren pocas variaciones del
precio. Responde a un mercado muy concreto, con suficientes recursos para
acceder a ellos.
Sin embargo, los productos básicos, trigo y aceite, están más sujetos a los
vaivenes de oferta y demanda, de producción y escasez, del interés de
acaparamiento para inflar los precios… y de las guerras que trastocan cualquier
situación de equilibrio y progreso.


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